Y entonces llegan unos subnormales y dicen: Tanvía güeno..., tanvía güeno... Y había otros subnormales que decían: Tanvía malo..., tanvía malo... Y así se lo pasaban más guay que ná, mezclando los cuajarones de babas, que eran como clara de huevo fresquita. Pero es que, espérate, porque, rodeando a estos subnormales del colgajo, había otros subnormales con una papeleta en la mano, agitándola y preguntándose entre ellos: El tanvía qué es, ¿güeno o malo? Y algunos subnormales respondían: Güeno..., güeno... Y otros subnormales respondían: Malo..., malo... Y había discusiones y debates y cotorreo, y los subnormales se lo pasaban cada vez mejor, y reían, y protestaban, y se ponían tristes, y se olían los ojetes. Decían los subnormales: ¿Asque no sus dáis cuenta de que es güeno el tanvía? Y los otros subnormales decían: Posupuestísimo, posupuestísimo, pero es güeno poque es malo, posupuestísimo... Y aquello era una fiesta y un choteo del copón. Hasta que llegó el tanvía. Y se paró. Y ahora no es güeno ni es malo: es una mierda arrojada al rostro subnormal de los subnormales que, ya, a estas horas, están en otra cosa. Por lo demás: Eres haréeeeeen con luz de soooool en que cautivo se deshoja el cooooorazóoooon... Y por ahí, todo seguido.
martes, 29 de enero de 2013
miércoles, 31 de octubre de 2012
Las manitas juntas
Mañana, día 1, hará un año que
falleciste, tita monja; un año ya que te encontramos muerta y sin ojos
en tu pisillo de seglar, con las tetas al aire, tan pipotudas, tan
mantecosas, y el rosario colgado en la misma alcayata donde se te
curaban los chorizos y la gula que te mandaban del pueblo las gentes
agradecidas y feísimas a las que curaste con tu saliva milagrosa. Te
fuiste con los santos tan ciega como viviste, amor mío, llena de Dios
verdadero hasta en las babas que ya no podías controlar y que te
devolvían a una infancia catastrófica de reglamentos y palmotazos en el
chocho. Siempre supiste, mi vida, que el Cielo estaba en la tapa del
ataúd que nos techa, y aún así te consagraste a las rosquillas piadosas,
a las manitas juntas y a mi desamor, tita monja, tan bonita. Un año ya.
Guardé tu dentadura y tus aromas en vidrios sagrados, ¿lo sabes?, y
dejé como la patena la región cerebral que, a modo de bodega
reverberante, reservé para tu voz de chiquilla anciana. Y aquí sigo,
tita, tita monja. Suspirándote en Difuntos, corazón.
martes, 23 de octubre de 2012
Se te pone gorda
Oculto tras el consuelo que todo ser humano bien nacido debe brindar, abrazas a esa amiga de tu novia (sin tu novia delante) que está pasando un mal rato. Y se te pone gorda. Sí, amigo, sí: se te pone gorda. Un abrazo inocente, cariñoso, cálido, sin malicia, de hermanos; un abrazo de esos apretadicos y levemente cursis, de esos jipis, de esos en los que retrasas el frotamiento final de la espalda, señal de que ya quieres dejarlo. Se te pone gorda. La amiga de tu novia es un quesito por más que sufra, que llore, que lo esté pasando como los perros. Un quesito desvalido. Te la pone gorda. Hay que olvidarse de que eres un tío y de que está buena, hay que abrazarla porque está chunga y lo necesita, y tú también, qué gorda se te pone. Lo guay es pensar e incluso afirmar (cuando estás borracho, hijoputa) que la amistad asexuada entre pavo y pava es posible. Sí, muy bien, pero a ti se te está poniendo gorda. La pena no impide, qué va, que las tetotas se te aplasten en el pecho. ¿Y sabes qué? Ellas lo saben.
sábado, 20 de octubre de 2012
Tiempos cojonudos
Que no hay que grabar el trabajo de los antidisturbios, dice el Gobierno. Que luego van y se mofan de ellos los internautas. Que es por el bien de todos: de los maderos, para que no sufran, y de los internautas, para que no vayan al Infierno por cachondearse de las desgracias ajenas (eso está muy penado; no lo ha dicho Rouco, pero podría decirlo, lo va a decir, tú verás). O sea que las camaritas guardadas. Y la voz también, de paso. Y ya puestos, como no se va a permitir filmar, mejor no ir a manifestarse ni a rodear nada ni a exigir cosa alguna, ¿pa'qué? Como uno mejor se indigna es como se ha hecho de toda la vida: delante del telediario, pagándola con los fideos y con el currusco. Bueno. A este Gobierno se le sale lo fascista por los recuajos de las túrdigas, es lo que le pasa. Saca dictadura a la calle y la censura por el bien de la democracia en la que nunca ha creído. Este Gobierno le chupa los cojones a los tiempos cojonudos, militares, gloriosos. Me cago en sus muertos, oye.
jueves, 18 de octubre de 2012
Qué te parece
Me paras por la calle —a mí, que no me meto con nadie, que
no le pregunto nada a nadie, que constantemente me estoy aguantando las
arcadas que me produce la voz humana— para contarme que planeas escribir un
libro sobre un poeta sevillano de mucho mérito y completamente desconocido para
el gran público. Y, no satisfecho con el grado desmedido de grosería del que me
has hecho víctima inocente, me preguntas qué me parece. A ver, me parece que
eres un despojo de persona, alguien que no se merece el oxígeno ni el plato de
comida que le ponen todos los días, con un proyecto de libro que me suda
muchísimo la polla, ojalá se te sequen las entrañas ahora mismo y caigas
fulminado y acabe de una vez este interrogatorio cruento y sarnoso al que me
estás sometiendo sin razón de ser. Me parece bien, te respondo. Pero a ti te
parece poco y me exiges que te diga más sobre lo que me parecen de verdad tus
intenciones literarias. Bueno, pues ahí voy, mentecato.
lunes, 15 de octubre de 2012
Ruido al masticar
La España
tuya que a la hora de la cena huele a tortilla francesa confeccionada en aceite
del mes pasado se fregotea la entrepierna con agua de incienso y cacorra de
esperanza antes de irse a dormir con sus sacramentos y sus transaminasas.
Sabemos que mañana no será otro día, eso fijo, sospechamos que mañana será otra
variedad de bilis en hilos sólidos para tejer vendas con las que curar la
ceguera. Y que durante la noche más de un líder se habrá peído y sonreído en
sueños tras rezar sus oraciones ateas, devotísimas, infecciosas, cucuruchas, incunables.
Banales aquellos que atesoran sus penas y no las donan a cualquier oenegé de
salvar armadillos y redimir mariconazos. Benditos los que hacen ruido al
masticar porque significa que están comiendo el hambre para mañana. Morirse pajizo y callado será leyenda en papeleta de
urna. Aventamos chalaúras y declaramos que se nos han escapado las palomas de la paz. Y a todo esto aún no hemos dado con la vena que rajarnos, no.
viernes, 12 de octubre de 2012
Oléis bien
Sois unos mierdas. Oléis bien, pero sois unos mierdas, unos
asquerosos. Eso no sería malo, al menos no del todo, si prescindiésemos de que,
además, sois unos caraduras. Lamentablemente no podemos prescindir de eso. La
caradurez la lleváis en la masa de la sangre, adquirida en los burdeles de
vuestras personalidades de chulo. Tampoco sois unos caraduras cualquiera, no, sino
de los peores. De esos caraduras convencidos de que los demás, todos, son
gilipollas. Ese tipo de caradura es repulsivo, merece la cárcel. Es el caradura
de: Yo listo, tú tonto. Tú chillas, yo cobro. Yo caradura, tú muertohambre. A
eso habéis reducido la conciencia ideológica que nunca habéis tenido, peazo
hijoputas. Nos os diferenciáis. Ya no. Os gritamos no te creo y
hacéis por oír qué grande eres. Sois unos mierdas y en vuestra casa
lo saben, pero se callan. So mierdas.
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